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Ricardo Núñez llama a cerrar el ciclo de la Concertación

Publicado por Instituto Igualdad en Jun 14, 2011 | 1 Comentario

Núñez

El ex senador socialista y actual Presidente del directorio del Instituto Igualdad Igualdad llamó a superar definitivamente la Concertación –como “marca” y como “contenido”-  y criticó el “conservadurismo” de quienes siguen aferrados a una política propia de la transición. “Los chilenos ven a la Concertación como parte del pasado”, señaló. Las declaraciones se realizaron a través de una entrevista en el diario La Tercera el pasado 11 de junio.

Núñez alertó de los riesgos de una salida populista al actual desprestigio de la política y recordó los liderazgos de Alessandri Palma y de Ibáñez el 52 como ejemplos de ello. A continuación reproducimos la entrevista la que ha sido motivo de análisis y comentarios en diversos círculos políticos y medios de comunicación.

Ricardo Nuñez: La Concertación dede cambiar de nombre y contenido
Fuente: La Tercera Reportajes

“Los chilenos ven a la Concertación como algo del pasado y que ya no los representa. Y la gente ya no compra detergente Radiollna. sino que Omo”, afirma sin tapujos el ex senador PS al analizar la difícil situación de la coalición opositora, que en la última encuesta Adimark marcó un 65% de rechazo. Con la libertad de haber dejado la primera línea de la política. Ricardo Núñez desmenuza la situación del conglomerado que ayudó a fundar y advierte sobre los peligros que enfrenta el sistema político chileno: “Siempre se dijo que en Chile nunca habría un golpe y ya sabemos lo que pasó. Ahora se afirma que, a diferencia de lo que sucede en los países vecinos, nuestra tradición democrática impide que surjan líderes populistas, pero nos olvidamos de Carlos Ibáñez del Campo y de Arturo Alessandri Palma”.

¿Hay que cambiar la “marca” Concertación por una nueva?

No sólo se trata de cambiar el nombre, sino que hay que renovar el contenido, que es lo que la gente pide. No es cierto que todos estén sometidos a la lógica del Twitter. El problema es que en nuestra coalición todavía existe un conservadurismo que impide entender que las alianzas políticas nacen y mueren dependiendo del momento histórico y que hoy Chile vive otra etapa. Las demandas y conflictos actuales son totalmente distintos y más complejos que los que había cuando todo se definía por la disyuntiva democracia-dictadura. Si no, todavía hablaríamos de la Alianza Democrática o del Comando por el No. Por eso es que las fuerzas opositoras deben impulsar un nuevo entendimiento político, cualitativamente superior a la Concertación, que sea capaz de repre-sentar al Chile actual. Y esta nueva alianza debe convocar a todos los opositores.

¿Cómo hay que llamarla?

A mí me gustaría algo como “Frente por la Igualdad”. Yo soy consciente de que los cambios generan temores, porque no se sabe adónde nos pueden llevar. Sin embargo, el ambiente político está tan complicado y cambiante, que no nos podemos dar el lujo de seguir esperando. Nuestros dirigentes saben que no pueden marchar por la Alameda cuando se protesta contra HidroAysén, porque los jóvenes les gritan y los echan. Eso es muy fuerte.

¿Qué imagen proyecta hoy la Concertación?

La de un grupo conservador que no se atreve a convertirse en una fuerza nueva. Y ojalá ese salto se haga rápido, incluso con más apremio que con que el que formamos la Concertación en los 80. Eso lo hicimos en medio de una dictadura que nos perseguía; hoy sólo nos persigue nuestras formas conservadoras de enfrentar la política.

¿La gente hace la diferencia entre la Concertación y la oposición?

Evidentemente. Cuando alguien se declara “opositor” muchas veces quiere decir que rechaza ambas coaliciones. El 80% de los jóvenes está fuera del sistema, porque se “cabrearon” y no creen a los políticos.

¿Qué hizo que la Concertación perdiera representatividad?

Si bien ésta ha cumplido su rol en el Parlamento e impuesto la idea de que hay que leer la “letra chica” de los anuncios del gobierno, todo está reducido al Congreso. No existe un movimiento opositor que esté presente en todos los ámbitos de la sociedad. Muchos políticos viven en un Chile de ficción; el país real no es el que está en el “mate” de los dirigentes, por eso es que los problemas ya no se solucionan con lo que decidan los mismos de siempre en Valparaíso. Es peligroso creer que ésa es la capital de la oposición y que en el Congreso es el único lugar donde se puede enfrentar al gobierno. Es mucho más relevante lo que está ocurriendo “bajo la alfombra”; algo que en algún minuto va a irrumpir, sin que los partidos puedan influir para que ese proceso de cambio haga progresar al país.

¿La oposición debería buscar acuerdos con el gobierno, tal como se hizo durante la transición?

Lo peor que le puede pasar a un sistema político es volver al pasado, ya que de esa forma la democracia se estanca. El proceso político y económico que estamos viviendo en Chile no tiene nada que ver con lo que sucedía durante la transición. El buscar el consenso es no entender que debe existir un gobierno que administra el país y una oposición potente y constructiva. De lo contrario, todos seríamos lo mismo y sería una gran hipocresía. Lo que representan la derecha y la Concertación es muy distinto, entonces volver al consenso significa que no se aprendió nada en estos 20 años. La gente quiere tener alternativas políticas claras y Chile está maduro para tener una buena oposición, otra cosa es que ésta no tenga la calidad que se requiere.

¿Cómo revertir la baja de la Concertación en las encuestas?

Lo preocupante es que ni la derecha ni la Concertación han logrado interpretar las nuevas demandas ciudadanas. El que las dos fuerzas políticas que nos han gobernado no logren el 50% de respaldo ciudadano es significativo. Este es un llamado a repensar nuestra labor, porque si estos números se mantienen, no estará en peligro sólo la derecha y la centroizquierda, sino que la democracia en su conjunto.

¿Porqué?

Chile está enfrentado a la desintegración social, a una fuerte inequidad económica y al surgimiento de nuevas amenazas como el narcotráfico. Las fuerzas políticas tienen que dar cuenta de eso, no pueden quedarse marginados pensando que la política se hace presentando indicaciones a proyectos de ley.

Hay quienes temen que surja un liderazgo presidencial antisistema y populista ¿Comparte ese diagnóstico?

Si bien es cierto que nuestra tradición democrática es sólida, sin duda que ése es un peligro latente. No sé qué tipo de liderazgo puede surgir, puede ser un populismo de izquierda o de derecha, pero es mentira que esas cosas no ocurren en Chile. Este sentimiento “antisistema” fue representando por Marco Enríquez-Ominami, sin embargo, la gente lo ve como parte del estabilshment político y no representa a los descontentos.

1 Respuesta a " Ricardo Núñez llama a cerrar el ciclo de la Concertación "

  1. Imaginemos una nueva coalición

    DE LA Concertación se ha dicho que hay que ampliarla, cambiarle nombre, matarla, enterrarla y hasta “suicidarla”. Sin embargo, conformar un nuevo referente no dependerá de lo estruendoso de las palabras que se utilicen, sino de la capacidad de hacer una nueva síntesis de ideas y actores que lo ponga en sintonía con el país de hoy.

    Los problemas de la Concertación no vienen de una ruptura entre sus aliados. La mayoría piensa que el entendimiento entre el centro y la izquierda es una necesidad. Sin embargo, las ideas y las formas que deben cimentar ese entendimiento deben ser distintas y los actores que concurren deben ampliarse. Son tres los cambios que debemos asumir para hacer una nueva coalición.

    Primero, participación. La suma y el entendimiento de los partidos políticos ya no es suficiente para representar a los sectores ciudadanos que históricamente han apoyado a la Concertación. Cuando ésta partió, la gente estaba dispuesta a traspasar a los partidos la decisión de una gran cantidad de asuntos y apoyaban sin chistar la definición de candidatos, las negociaciones y el establecimiento de prioridades programáticas. Hoy es distinto y un nuevo conglomerado tendrá que transparentar sus formas de decisión, objetivar los criterios con que las toma e incluir a los ciudadanos en ellas. Podríamos adaptar el ejemplo del Frente Amplio uruguayo, que cuenta con instancias colectivas de decisión que incluyen partidos, movimientos y representantes ciudadanos electos para definir colegiadamente las cuestiones fundamentales.

    Segundo, apertura. Los cuatro partidos actuales no pueden ser un círculo cerrado y se requiere una invitación amplia a nuevos integrantes. Un conglomerado más diverso debe permitir grados de participación variables, especialmente si se considera la inclusión de aliados de diverso tipo: partidos políticos nacionales, otros regionales, movimientos ciudadanos, grupos temáticos.

    Por último, el proyecto: la norma del mínimo común denominador ya no basta. La Concertación partió como un encuentro de fuerzas muy distintas del centro y la izquierda, y con el tiempo fueron quedando en evidencia las áreas de acuerdo y de disidencia entre los aliados. Los gobiernos tuvieron el tacto de acotar su agenda, evitando conflictos que debilitaran su base de apoyo. A la larga, todos sabían cuáles eran las áreas de entendimiento y cuáles no, y los partidos aliados jugaban “de memoria”. Los temas conflictivos fueron quedando de lado y la convergencia de identidades diversas fue reemplazada por una identidad transversal más estrecha, con silencios y generalidades en las áreas sin consenso como educación pública y tantos más.

    Todo indica que para volver a ser mayoría hay que cargar de contenido e identidad a las partes y, sobre esa base, construir una nueva síntesis. Ello requiere una cultura de coalición compatible con la diversidad programática, el debate y el concurso de ideas ante los ciudadanos. Ojalá en la reunión que mañana tendrá la Concertación estas ideas sirvan para que salgamos del lenguaje funerario y comencemos a pensar en lo que queremos construir. Quizás eso es lo que la gente nos está pidiendo con su descontento.

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